Narra Mitchell:
Hicieron que me acostara en una cama con dosel mientras analizaban mi sangre, mis pupilas e invocaban a quien sabe qué con extraños pergaminos que flotaban por sí solos. El más alto dijo que se llamaba Evanaugh y el otro Elliot, supuse que el segundo era nuevo y mientras que el otro era más viejo por la antigüedad y la rareza de ese nombre.
En esa habitación reinaba el silencio, no había calor ni frío por más de que estas fueran de piedras gruesas, con relieves que parecían susu