Mundo ficciónIniciar sesión—Lo siento, de veras —susurré con la voz temblorosa tomando la mano de Nery que estaban igual de frías que las mías.
Los Exorcistas estaban sentados junto a la chimenea, ya medio limpios, con sudor perlando sus frentes y unos cuantos rasguños surcaban sus mejillas.— ¿Qué es lo que lo sientes? —Preguntó ella viendo el fuego que ardía en la chimenea.—Has recibido el susto de tu vida por culpa mía.—Siempre pensé que el susto de mi vida me lo darías tú, aunque no de esa






