La casa estaba demasiado silenciosa.
No el tipo de silencio pacífico… sino el que llega después de la violencia, cuando el aire todavía recordaba lo que había ocurrido.
Los hombres se movían por el penthouse con una urgencia controlada. El equipo de seguridad de Alessandro revisaba cada pasillo, cada puerta, cada grabación de las cámaras. Se oían órdenes dadas en voz baja. Los teléfonos sonaban y los pasos resonaban en los pisos de mármol.
Pero nada de eso me llegaba, porque lo único que podía