Helena la llevaba de la mano, mientras visitaban algunas tiendas. Sus manos estaban repletas de bolsas llenas de compras, pero ella no parecía querer detenerse pronto.
—Es la única manera que tengo de vengarme—le confesó la razón de aquel derroche de dinero.
La menor no dijo nada, pero supuso que su esposo se molestaría al ver que había gastado aquella exagerada suma. «Se lo merecía», concordó en su mente, pero sin duda Henrick no era el único que merecía un castigo.
«¿Cómo pudo ser tan débil p