Juan simplemente respondió:
—...Puedes ir tú solo.
Viendo que Juan no cedía, Jazmín se mantuvo a su lado como acompañante. No pasó mucho tiempo antes de que el cliente, señor Muñoz, llegara tarde.
—Lo siento mucho, Señor Ramírez. Llegué tarde— se disculpó señor Muñoz.
Juan abordó el tema del trabajo de manera impecable, con una actitud segura y sin arrogancia, extendiendo la mano hacia señor Muñoz.
—Señor Muñoz, no hay problema. He oído que te gusta montar a caballo, así que hoy decidimos encon