Un “Leandro” resonó en los oídos del pequeño Leandro, llenándolo de alegría en lo más profundo de su corazón. Él la tomó de la mano con seriedad, montando a caballo por la finca.
Los ojos de la pequeña Lina giraban sin cesar mientras formulaba una serie de preguntas:
—Leandro, ¿por qué los caballos no hablan?
—¿Por qué el cielo es azul?
—¿Por qué vuelan los pájaros
—¿Por qué existen los niños y las niñas?
La pequeña Lina parecía tener un millón de preguntas, pero el pequeño Leandro no mostraba n