En ese momento, Jazmín caminaba de un lado a otro con su teléfono en la mano, su rostro mostraba una leve preocupación y su nariz ya estaba cubierta de gotas de sudor.
Al ver que el reloj de la pared marcaba las 11 en punto y aún no recibía noticias de los matones, Jazmín perdió por completo la paciencia. Se puso los zapatos y se dispuso a salir, justo en ese momento, se escuchó el sonido de una motocicleta fuera de la puerta.
Jazmín se alegró al verlo y abrió rápidamente la puerta.
—Tigre, ¿cóm