—¿Qué estás haciendo?
En la puerta, la voz de Juan llevaba un tono de enfado.
Sin apenas dudar un momento, él caminó rápidamente hacia donde estaba Lina y, sin decir una palabra, la tomó de la mano y la arrastró fuera de la habitación.
—¿Qué... qué está pasando?— Lina levantó la vista, incrédula.
Juan frunció el ceño, sin explicar nada.
—No importa lo que hayas visto, no pienses demasiado en ello.
Sin embargo, la perplejidad de Lina aumentaba.
Tenía la sensación de que había algo oculto