Aiden
Sí. Mi hijo me odia y se está esforzando demasiado, maldita sea, por ponerse entre mi mujer y yo.
Empezó de forma sutil, con él siempre sosteniendo ambas manos de ella y, a veces, rodeando su cuello con sus brazos y presionando su cara contra la de ella, como si intentara acaparar cada pizca de su atención para sí mismo. Y lo peor de todo es que realmente estaba funcionando.
Leah apenas me miraba cuando él estaba despierto, dedicándome solo miradas lo suficientemente breves como para r