Narra Mateo Amato.
— Ella no me recordaba, ¿Sabes lo duro que fue verla a los ojos y no ver sus recuerdos conmigo en ellos? Se veía tan hermosa, embarazada aún más.
— Comprendo lo mucho que debió de doler.
— No, no lo comprendes.
— ¡Perdoname Mateo, perdóname por favor!
— ¿Por qué debería hacerlo Marylin? Dame una maldita buena razón, me has quitado todo lo bueno que he tenido. Primero revolcarte con mi padre por unos cuantos dólares, segundo desprestigiar la empresa que con mucho esfuerzo mi