*—Ezra:
Ezra se apartó de Dante como si lo quemara. Retrocedió varios pasos, cada uno más torpe que el anterior, buscando desesperadamente poner distancia entre su cuerpo ardiente y la realidad que acababa de desplomarse sobre él. La vergüenza le subió caliente por el cuello.
—Lo siento… no sé por qué dije eso —balbuceó, sintiéndose abrirse por dentro. Sentía que acababa de exhibirse como el peor estereotipo de omega: hambriento, sin dignidad, incapaz de controlarse. Y él no era así. Él