*—Ezra:
Dante fue el primero en recomponerse. Enderezó la espalda, carraspeó suavemente y dedicó al mesero una sonrisa educada, aunque todavía cargada de algo cálido, casi íntimo. Ezra hizo lo mismo, intentando ignorar el cosquilleo persistente en el pecho.
Los platos fueron colocados con cuidado frente a ellos. La presentación era impecable: carnes perfectamente selladas, acompañamientos delicados, colores y texturas pensados para tentar antes incluso del primer bocado.
—Huele increíble —comen