—¿Celular?
La expresión de Paola cambió instantáneamente. Una sombra de duda cruzó su rostro al recordar que, la mañana anterior, había salido a toda prisa de la empresa, apagando el aparato para resolver asuntos particulares lejos de ojos curiosos.
Tomó el teléfono con movimientos bruscos y lo encendió. El silencio de su cuenta personal, sin ningún mensaje, le dio un impulso de confianza. A punto de explotar ante la audacia de Luana, Paola se topó con la postura de la diseñadora: Luana estaba a