¡Qué experiencia tan dolorosa debe ser para dos personas vivir juntas sin ningún sentimiento la una por la otra!
—Ah, por cierto, llama al jefe y dile que tenemos visitas, pídele que venga a cenar a casa —dijo la Sra. Helza.
Pensó un instante y añadió:
—Llama al viejo y pregúntale dónde fue a jugar al ajedrez. Dile que tenemos visitas y que Marcelo ha traído a una mujer.
En cuanto dijera eso, el viejo entendería de inmediato lo que estaba ocurriendo. A medida que las palabras de la Sra. Helza s