Ella aseguró que la mención había sido accidental, algo totalmente espontáneo y jamás solicitado. Para acompañar el momento, la tía María le sirvió a Alessandro una rebanada de pan tostado con mantequilla de cacahuete y un huevo frito en su punto perfecto: crujiente por fuera, pero con la yema suave y cremosa. Acto seguido, trajo otra taza de café negro.
Era café negro recién molido, hecho con granos importados que a él siempre le habían gustado; se notaba solo por el aroma.
—No esperaba que la