Lucca y sus hermanos se quedaron inmóviles frente a la puerta del baño, sin atreverse siquiera a respirar. Al ver que el hombre se alejaba al no poder abrir la puerta, el grupo se miró en silencio; ninguno tenía el valor de tocar. Matteo susurró a Lucca, con la voz temblorosa:
—Lucca, ¿qué hacemos? ¿La mamá estará bien?
Lucca apretó los labios y negó con la cabeza con expresión seria.
—Yo tampoco lo sé —admitió. Si hubiera sabido que papá se enfadaría tanto, nunca habría llevado la broma tan le