Alessandro miró de reojo la espalda de Vanessa antes de apartar la mirada. En realidad, esta forma de convivir le resultaba bastante cómoda y no le causaba ninguna incomodidad.
Llegó a la entrada de un restaurante familiar guiándose por la ubicación en el teléfono de Luana. Antes de bajar del coche, Alessandro agradeció a Vanessa y salió. De repente, Vanessa también bajó del vehículo.
—Sr. Alessandro, se ha olvidado algo.
—¿Qué me falta? —preguntó él. No llevaba nada consigo, así que realmente