Enzo pensó que a Lucca realmente no le gustaban los muslos de pollo.
Lucca arqueó una ceja; solo estaba poniendo a prueba a Enzo, y este terminó confesándolo todo.
—Hermano Lucca, si no está sucio, ¿puedo tomar uno? —preguntó Matteo mientras se limpiaba la saliva de la comisura de los labios.
Con un aromático muslo de pollo delante de él, era difícil resistirse a la tentación de probarlo.
Matteo volvió a mirar a Lorena.
Sí.
Aunque Lorena no había dicho nada, por alguna razón sentía que sabía ex