Luana llamó a Alessandro, y él respondió sin dudarlo al ver que era ella quien lo buscaba. Sin embargo, mantuvo el celular bien lejos de su oído. Y es que...
—¡Alessandro!
Luana soltó un rugido tan fuerte al teléfono que las alarmas de seguridad de los autos de alrededor comenzaron a dispararse. Alessandro se dio unos golpecitos en las orejas; a pesar de haber alejado el aparato deliberadamente, sus gritos aun así le causaron dolor en los tímpanos. ¡Se podía imaginar lo furiosa que estaba!
—¡Ale