— ¡Imposible! — Luana rechazó sin dudar.
Apenas podía creer lo que escuchaba. ¿No estaba siendo demasiado entrometido? ¡Qué descaro! ¿Cómo se atrevía a hacer semejante petición después de todo?
La mirada de Alessandro se oscureció al instante. Una ola de amargura lo golpeó: ¿de verdad no podía desapegarse de ese otro hombre? ¿Qué tenía él de tan especial? ¿Sería mejor que él?
¡Todo lo que él puede darte, yo también puedo!, pensó, sintiendo crecer la rabia. Sus pupilas, profundas e insondables,