En el momento en que Paola y el señor Armando alcanzaron el clímax de su traición en el baño, una luz blanca y súbita cortó la penumbra. Ambos se congelaron inmediatamente.
El destello del flash fue como un disparo de misericordia en el silencio.
Paola giró la cabeza, en shock. Al ver a Luana parada en la puerta, con una expresión perfectamente calmada y el móvil en mano grabando cada detalle, sintió que la sangre se le escapaba del rostro.
— Perdón, el flash se disparó sin querer — dijo Luana c