Luana se dio la vuelta para salir, pero pasos ansiosos resonaron tras ella.
—¡Zorra! ¡No creas que voy a tener miedo de ti solo porque dijiste algunas palabras bonitas! — gritó Larissa.
En ese instante la puerta del despacho se abrió y Mateus salió. Se detuvo al ver a Larissa corriendo hacia Luana, con la mano alzada lista para darle un golpe en la cara a su hermana.
Frunció el ceño y gritó con voz autoritaria:
—¡Larissa, cómo te atreves...!
Antes de que pudiera terminar y revelar el parentesco,