CAPÍTULO 82. NO ME MOVERÉ DE AQUÍ
Antonella se recostó junto a su pequeño sin poder olvidar aquel beso cercano a sus labios.
—Esto no está bien —resopló y se quedó pensativa—. No deseo sentir nada por nadie que no seas tú, mi amor. —Dio un beso a su pequeño—, no quiero enamorarme de nadie más.
Tomó su móvil al recibir una llamada.
—Diga.
—Supe que enviudaste…
Silencio.
— ¿Qué rayos quieres Sabina?
—Llamo para darte el pésame, aunque sé que es un poco tarde —se mofó—. También deseo saber que tal te va ahora que eres una mujer v