Fueron a una cafetería la mañana del sábado.
No era un evento de prensa. Ni una aparición pública cuidadosamente organizada. Solo una cafetería a dos calles del ático, de esas con sillas desparejadas, un menú escrito en una pizarra y el inconfundible aroma a café recién molido mezclado con el olor de algo horneándose al fondo.
La idea había sido de Ryan, lo que sorprendió a Elena.
—Maya tenía razón —dijo durante el desayuno—. Visibilidad. Visibilidad real. No algo preparado.
La miró desde el ot