Ryan habló durante dos horas.
Elena estaba sentada frente a él, al otro lado del escritorio, con la libreta abierta y el bolígrafo deslizándose sin descanso sobre el papel.
Hacía preguntas exactamente en los momentos adecuados, algo que Ryan no dejó de notar.
Y guardaba silencio exactamente cuando era mejor escuchar, otro detalle que él registró con atención.
Comenzó hablándole de Gerald.
De la debilidad particular de su padre.
No era crueldad.
Ni maldad.
Era el fracaso silencioso de un hombre