RAVEN
Giré la cabeza hacia la entrada justo cuando las pesadas puertas crujieron al abrirse.
Eilís entró, pero no estaba solo. La mujer del pasillo seguía con él, caminando a medio paso por detrás. De cerca era aún más impresionante: sus movimientos eran fluidos, dueños de una gracia que solo se conseguía tras años de crianza en la alta corte o, más probablemente, por la confianza depredadora de un lobo de alto rango.
Los ojos de Eilís recorrieron la mesa, saltándose al rey y a sus primos hast