RAVEN
Pasamos la noche aferrándonos el uno al otro en la oscuridad. Ya no quedaban palabras por decir. Simplemente nos quedamos tumbados, enredados bajo las cobijas, con los brazos de Eilis rodeando firmemente mi cintura y su rostro escondido en mi cuello. Con el tiempo, el cansancio ganó y caímos en un sueño pesado.
Cuando llegó la mañana, la pálida luz del amanecer se filtró a través de las cortinas. Abrí los ojos, sintiendo el peso familiar de Eilis sujetándome con fuerza.
Entonces, un golpe