Capítulo 159 —No eres una pequeña
Narradro:
Eros no había pegado un ojo en toda la noche. Amanecía, el cuarto estaba lleno de luz gris, y él se lavó la cara, respiró hondo frente al espejo y se miró fijo.
—Vamos, carajo… tú puedes.
Volvió a la mesa, tomó el celular y marcó. Tres tonos.
—¿Sí? —respondió Roman, con su voz grave, ronca, medio cargada de sueño, medio cargada de mundo.
—Roman, soy yo, Eros.
Un breve silencio.
—Sí, Eros, tu nombre me sale en la pantalla, digo, por si no lo sabes, pero