Me senté en el borde de la cama. El colchón se hundió con una suavidad que casi me hizo caer hacia atrás. Mi cuerpo entero comenzó a dar señales de colapso. Años de autobús lleno, noches mal dormidas tratando de estudiar para la facultad de Psicología, el peso constante de no saber si el dinero iba a alcanzar hasta fin de mes... todo pareció arrollarme de una sola vez.
Me quité los zapatos de cuero falso agrietados y me acosté.
Me quedé mirando el techo de yeso perfecto.
Ese techo no era mío.