El silencio en la mansión Volpi ahora tenía una frecuencia y un color totalmente diferentes.
No era ese silencio pesado de antes, denso como plomo, lleno de personas escondiendo secretos, rencores y con un fantasma invisible recorriendo los pasillos lujosos. Era un silencio absurdamente tranquilo y pacífico. El silencio del cansancio poscrisis. Del alivio inmediato de una fiebre alta que finalmente cedió. De un niño durmiendo tranquilo y sin dolor.
Leo se había apagado simplemente en el colchón