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— ¡Niñera! ¡Mira, se me han caído los dientes!
Casi me caigo hacia atrás cuando paso por el recibidor de la casa y Miles viene hacia mí como un huracán saltarín, mostrando dos dientes en la mano.
— Cuidado ahí, amigo — paso la mano por los cabellos castaños y me agacho. — Déjame ver — pido, y él sonríe, mostrando dos ventanitas que se han abierto. Desde la semana pasada, sus dientecillos estaban flojos, y ahora han caído por fin.
— Pronto te saldrán los otros — acaricio su mejilla y le do