Cuando el reloj marcó las seis de la tarde, Luisa todavía no se había decidido si debía o no aceptar la invitación de Mario. Había varios factores en contra de la decisión, empezando porque no tenía un vestido adecuado para una gala de la altura que la invitación sugería, tampoco tenía tiempo para ir al salón de belleza a hacerse un peinado adecuado, y mucho menos dinero. Pero lo que más la restringía a inclinarse por aceptar la invitación era su decisión de no dejarse tentar por las insinuacio