—¡Victoria, quédate en la habitación con las niñas; por nada del mundo salgan hasta que yo te llame, por favor! .__Nadie sabía qué sucedía afuera; solo eran disparos y gritos, al parecer de los transeúntes.
Victoria corrió a cerrar la puerta y resguardarse; la casa era segura, pero era mejor hacer caso a las palabras de Andrés y esperar a ver qué pasaba.
Lo triste para ella era que se había acostado con hambre, ya que sus sándwiches fueron a parar al piso nuevamente. Deseaba estar en los brazos