La decisión de Valerie cayó como un manto de calma sobre su agitada vida. Tras la revelación de su padre, comprendió que no podía entrar en un matrimonio cargada de dudas, gratitud o fantasmas del pasado. Necesitaba, por primera vez en mucho tiempo, ser simplemente ella y el bebé que crecía en su vientre.
Esa misma noche, Valerie llamó a Alexander. Se sentaron en la terraza, bajo la luz de la luna, y ella le habló con una honestidad desgarradora.
—Alexander, eres el hombre más increíble que h