Matt bajó el puño lentamente, el pecho subiendo y bajando con violencia mientras la adrenalina comenzaba a disiparse, dejando solo un vacío amargo. Miró sus manos, luego a Alexander —quien se mantenía alerta, como un guardián— y finalmente clavó sus ojos en Valerie.
El hombre arrogante y calculador había desaparecido; en su lugar, quedaba alguien roto por las consecuencias de sus propios actos.
—Valerie... —su voz fue un hilo apenas audible, despojada de toda la altivez anterior. Se acerc