Thomas se acercó lentamente, con su presencia imponente llenando el espacio.
—¿Qué lees?
—Un libro sobre lobos —contestó ella, mostrándole la portada.
—Interesante elección —comentó Thomas, con sus ojos recorriendo la sala—. Sabes, Rachel, hay muchos en la manada que piensan que no eres adecuada para ser la Luna de Alexander.
Ella sintió un nudo en el estómago, pero se obligó a mantener la compostura.
—Eso es algo que decidirá Alexander y el consejo.
—Claro —dijo Thomas, su voz cargada de un