ARDIAN
La noche se tornaba oscura y pesada, como si el aire estuviera impregnado de un sufrimiento que apenas podría describir. Había una fiesta en el castillo, un evento al que todos asistían, menos yo. Estaba en un rincón, observando, como si de un mero espectador se tratase, cuando la vi. Leni, con su risa sincera y su cabello rebelde, se movía entre la multitud como si fuera la luz en la oscuridad. Pero mi mundo se desmoronó cuando, en un instante, la seguí hasta el bosque y la vi besándos