ARDIAN
—¿Y bien? Si no vas a decir nada, entonces no veo la razón de esta reunión de emergencia.
Observo a detalle a Nimue, un verdadero dolor de cabeza, le lanzo una mirada rencorosa a mi madre, ella es la culpable por haberla invitado con la falsa esperanza de que yo le diera una oportunidad, casarme con ella jamás será una opción.
—Silencio —demando y mi voz dura resuena por toda la estancia, tanto, que mi propia madre se estremece—. No tienes derecho a hablar, la única razón por la que es