RIHANNON
El trono era frío. El peso del metal de la corona, que caía sobre mi cabeza como una maldición, era cada vez más insoportable. Desde que todo esto había comenzado, desde que la muerte de Leni me arrancó lo poco que quedaba de mi humanidad, el trono se había convertido en un lugar vacío. No un vacío de poder, sino un vacío de todo lo que alguna vez me definió. La guerra no era solo un campo de batallas, no solo un juego de astucias. Era una extensión de mi dolor, de mi desesperación.