TREY
El frío del bosque se colaba entre las hojas de los pinos como si fueran dedos invisibles, y cada ráfaga de viento traía consigo un rumor inquietante, el eco de un aullido que se desvanecía en la lejanía. Las sombras de la noche parecían alargarse a nuestro paso, abrazándonos como un manto húmedo y silencioso. Arcadia iba a mi lado, su figura esbelta y sus ojos oscuros tan vivos como siempre. Podía sentir su respiración agitada, la forma en que su pecho subía y bajaba en un ritmo urgente.