TREY
Todo en el bosque estaba demasiado quieto. Mis pasos resonaban en la quietud nocturna mientras me alejaba del claro. La luna reflejaba un brillo extraño sobre las hojas caídas, algo que me inquietaba sin razón aparente. De repente, algo cambió en el aire, un cosquilleo incómodo en mi piel. No estaba solo.
Al principio solo escuché el crujir de las ramas, pero algo dentro de mí ya sabía que la presencia no era humana. Era ella.
—¿Qué haces aquí, Arcadia? —pregunté, girándome sin prisa. M