Pasado.
A cuentagotas pasó un año. El año más triste que pudo vivir Louis, y sacó ni un segundo de su mente aquella mañana que compró un presente para sus pequeños y cuando lo intentó llevar, no había nadie. No hubo explicación de nada. Solo encontró una nota pidiendo un espacio.
—¡Permiso! —entró Yuli con su jefe.
—Sí, dime.
—Nada, jefe. Nos volvieron a negar el préstamo y seguimos estancados.
Él cerró fuerte su puño —¡Mierda!
Yuli lo veía consumirse en la desesperación y fue cuando tocó su corazón, e