Hay que decir que sólo bastó que Arthur y Liz se subieran al carro para que comenzaran más de una caricia atrevida, no sólo de parte de él, que cada vez que podía le acariciaba suavemente las piernas sino también por parte de Liz que se emocionaba cada vez más.
—Amor por favor ten cuidado mira que si nos detiene la policía tendré que explicar lo que me está pasando —dijo Arthur mientras sostenía esa mano juguetona de Liz que ya le había desabrochado dos botones de su camisa.
—Tendrás que decir