Solté una risita. Al menos sabía que él sí quería lo mejor para mí, incluso si no podía hablar conmigo.
—Entonces, ¿ahora qué? ¿En dónde nos deja esto? No dejas que te rechace. Tú no me rechazas. No me haces parte de la manada. No me marcas como tu compañera ni como tu Luna. No quieres que entrene, pero odias que sea demasiado débil para protegerme a mí misma. No quieres que salga de la seguridad de la casa de la manada, pero estoy muerta de aburrimiento y la escuela no me distrae lo suficiente.