Nada que es bueno, te pide un precio pequeño y yo lo estaba comprobando con mi inmortalidad. Porque, apenas había traído al mundo a mis hijos, apenas había descubierto que mi hija estaba viva y también, descubrí que los veía a todos morir.
Todo el esfuerzo que había tenido para tener a mis hijos: Kurt, Maxim, Caleb, Rok y mi Chiara, daban ahora un giro inesperado. Antes, me dolía morir y nunca ver sus primeras veces o estar para ellos cuando lo necesitaran, pero, ahora debía comprender que su