CAPÍTULO 75
Sollozo y lloro cuando, de repente, alguien me besa sujetándome los hombros.
Me echo hacia atrás, tratando de liberarme.
—Lo siento mucho, tenía que hacerlo lo más creíble posible —me susurra al oído una voz demasiado familiar y agradable, que no es la de Jared.
Apenas se separa de mí, arranco la venda de mis ojos y, al hacerlo, la luz del armario se enciende.
Lanzo un pequeño grito al ver a Sebastián frente a mí. Su brazo sigue en mi hombro y mira hacia abajo, negándose a mirarme a