La fortaleza era mucho más grande de lo que Aria esperaba.
Desde afuera, parecía ruinas antiguas. Templo de piedra devorado por la selva durante siglos. Algo que turistas podrían fotografiar sin darse cuenta de lo que realmente era.
Pero con la red de conciencia extendida, Aria podía sentir la verdad.
Debajo de las ruinas había complejo masivo. Túneles que descendían treinta metros. Cámaras llenas de equipamiento. Y lobos. Docenas de ellos. Todos con collares de hierro negro brillando en su con