— Sabes no debes vigilar a tu madre de esa manera, la mataras de un infarto –Daven sonrió ante la ocurrencia de su madre, extrañaba esa frescura de su personalidad aun cuando está herida y no solo físicamente no dejar de ser alegre.
— Es bueno que despiertes con ánimo, quería que fueras lo primero que vieras al despertar ¿Cómo te sientes? –Él se acercó para ayudar a levantarse.
— Pues, el dolor físico va pasando, el del corazón... –Daven acarició su rostro dejando un tierno beso en su mejilla.