5. Persuasión divina
Heros dio un paso hacia atrás. Eso era lo menos que había querido, molestar a la jefa de su prometida, porque pudo haberla metido en problemas, y luego Lacey se podría molestar con él. Sus mejillas palidecieron, más de lo que ya eran.
—Lo siento —comentó él, con apuro—. No quise importunarla.
—En lo absoluto —dijo Hestia, con normalidad.
Era claro, que su atención había sido captada por ese joven, que era lo más tierno que había podido encontrarse. Sería algo estimulante jugar con un ingenuo y