El amor es como un huracán. Mueve cada fragmento que está a su paso, en algunas ocasiones lo destroza. En otras, simplemente transforma la perspectiva de verlo, de sentirlo, de texturizarlo.
—¿Qué mierda fue lo que pasó?— Grité exaltado.
—No lo sabemos señor. Al parecer uno de los tanques hizo química con los gases de la montaña y explotó— Enfurecido tomé uno de los adornos del escritorio lanzándolo al piso.
—¡No puedes hablar en serio! ¿En donde está el químico que debió anticipar esto.
— N